¡Que viva la música!

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¡Que viva la música! la cual leída lejos de la década del setenta, se convierte en una especie de espectro, de fantasma vivo que aún conmueve a las nuevas generaciones de jóvenes eternos, aquellos que consiguen en el libro una suerte de fiesta de la literatura.

Sinopsis de ¡Que viva la música!:

¡Que Viva la Música! es una novela de iniciación.  Es la invitación a una fiesta sin fin, donde su protagonista dejará que el mundo baje hasta el pozo sin fondo de sus propios excesos. Pero con felicidad.  Con absoluta dicha.  Hay un pacto secreto con la muerte en esta danza de María del Carmen Huerta, la rubia protagonista de sus páginas.  Pero es la muerte dulce de las celebraciones: el paisaje, los afectos, la noche, la niñez que huye, la adolescencia triunfal, el rock and roll, los Rolling Stones, la salsa, Ricardo Ray, Bobby Cruz, las drogas, Cali (o Kali, según la ortografía de la narradora).  Es, así mismo, una iniciación al descubrimiento de una ciudad colombiana (única, mágica e irrepetible), que comienza por el cielo del norte, con su Avenida Sexta, su parque Versalles y sus parajes mágicos, hasta llegar al infierno del Sur con su caseta Panamericana, su río Pance, sus barrios más allá de Miraflores, su cordillera de los Andes alada y los refugios de la salsa y el sexo.

Andrés Caicedo, el autor de este viaje-hacia-el-deliro verbal, pondría fin a su vida el mismo día en que tuvo el ejemplar publicado de la presente novela.  El tiempo pasó mucho más rápido de lo que la muerte anticipa. ¡Que viva la música! se convirtió en un libro de culto, en un manifiesto generacional y en una especie de guía de los excesos, de manual de los bajos instintos, de tesoro de la juventud perdida, el cual se lee con el placer de aquel que se lanza hacia el abismo con una consigna: “tú enrúmbate y después derrúmbate”.

Andrés Caicedo no conoció las fotocopias, ni el betamax, ni el VHS, ni el CD, ni el DVD, ni mucho menos el computador, el Internet, el iPod, la música electrónica o la digitalización del cine. Andrés Caicedo murió escribiendo en su correspondencia una frase premonitoria: “tal vez hagamos cine en el año 2000”. Y dejó ¡Que viva la música! la cual leída lejos de la década del setenta, se convierte en una especie de espectro, de fantasma vivo que aún conmueve a las nuevas generaciones de jóvenes eternos, aquellos que consiguen en el libro una suerte de fiesta de la literatura.

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¡Que viva la música!

Autor Andrés Caicedo
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Editorial Seix Barral
Año 2019
Idioma Español
Encuadernación Tapa dura
ISBN 9789584281623

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